Laura me envió un correo electrónico un día y me propuso que escribiera algo para su blog "El paraíso construido" y lo acompañara con uno de mis dibujitos. A una invitación tan amable y generosa, y viniendo de un blog tan interesante como el suyo, no cabía sino responder aceptándola de inmediato. De los temas que me planteaba, me sedujo especialmente hablar de cine, una de mis grandes aficiones, y decidí compartir unas notas que tenía desde hacía algún tiempo sobre uno de mis directores favoritos, y sobre la época en la que lo descubrí.
Conocí el cine de Jim Jarmush en el fragor de mi adolescencia, cuando ya estaba muy asentada en mí la pasión por el cine. A una Córdoba ligeramente adormecida y entrañablemente provinciana llegaron sus películas como gotas de agua fresca en mitad de un desierto habitado exclusivamente por previsibles éxitos de Hollywood y alguna película nacional. Recuerdo el impacto que me produjo el blanco y negro de sus películas, y el universo fascinante que descubrí con su “Night on Earth”, en “Extraños en el paraíso”, o en "Mistery train”. Jarmush mostraba un lenguaje visual nuevo, desconocido, fascinante.
Tom Waits dijo de Jarmush: "La clave, creo, para Jim es que se quedó canoso cuando tenía 15 años... Como resultado, siempre se sintió como un inmigrante en el mundo adolescente. Ha sido un inmigrante -un benévolo y fascinado extranjero- desde ese entonces. Y todas sus películas son sobre eso".
El hecho añadido de que tuviera que acudir a ver sus películas en lugares fuera del circuito comercial, en mi ciudad, ahondaba esa sensación de estar asistiendo a secuencias de cine verdadero. Y te proporcionaba la posibilidad de sentir que junto, a ti, en la sala, estaban Truffaut, Godard o Jeanne Moreau asistiendo a una sesión de cine de la nouvelle vague en París. La sala de cine-fórum del Círculo de la Amistad o la sugerente Filmoteca de Andalucía, se convirtieron así en altares de lo nuevo, de lo lejano, de lo magnético. Y con Jarmush llegaron otros regalos de cine sorprendente ("Betty Blue", de Jean Jacques Beineix ; “Les amants du Pont Neuf”, de Leos Carax, etc).
Retales de cine de autor como destellos al final de un letargo. Fotogramas de mi vida.

















































